Jueves, 08 Marzo 2018 00:00

8M

 

 

El tan publicitado y esperado jueves 8 de marzo llegó. En las redes sociales ese día se lo promocionaba como el 8M; varios movimientos feministas y movimientos sociales y sindicales se hicieron eco de la convocatoria, al igual que miles y miles de mujeres de todas las edades, que sin bandera, más que la igualdad de género se agolparon en las calles de Montevideo.

Eran las 17:30 cuando todavía en nuestro local de Iem (Izquierda en Marcha) ultimábamos detalles con las compañeras. “La cita” era a las 18 horas, el lugar: plaza libertad; estaba todo listo para marchar. Era el momento de poder marchar juntas, de mostrar todo el trabajo previo que hicimos: carteles, mística, cancioneros.

Llegamos al lugar del encuentro, primero un grupo de compañeras, luego otro, nos formamos acaparando toda la calle, de lado a lado, levantando bien alto  nuestra consigna “Sin Mujeres No Hay Revolución”. Las primeras dos cuadras nos costó sincronizar el ritmo, el paso y el cantico; luego con unas compañeras que tomaron la conducción de la marcha, nos guiaban, marcando cuando avanzar, cuando parar y nos daban el punta pie de los canticos. Lo que siguió fue un confluir de energía y mística. Ya no solo éramos nosotras- las chicas de Iem- marchando; éramos todas, mujeres que se ofrecían a llevar parte de la consigna, alzando las cañas que formaban la frase, como sí ellas mismas hubieran sido participes directas de esa creación, la llevaban con orgullo. No sabíamos sus nombres, de dónde venían, solo que eran mujeres que nos estábamos acompañando mutuamente, ¿sororidad?; creo que si.

La marcha fue alegría, con una sola voz, la de todas, que nos unifico, pero las consignas eran variadas: “si tocan a una, tocan a todas”, “ni una menos, vivas nos queremos”, y los nombres de aquellas compañeras que ya no están, seguido del grito  unísono de “presente”.

La cabecera de la marcha llegó a destino, la explanada de la UdelaR, se leyó la proclama; mientras tanto varias cuadras atrás, las conocidas y las que conocimos en la marcha estábamos expectantes a los hechos. Luego de unos minutos la multitud comenzó a disiparse: muchas y muchos se quedaron en plazas, verdeas, el cordón como corolario de la manifestación.

Nosotras, junto con otros compañeros que también marcharon comenzamos a desarmar toda la logística que con alegría llevábamos por las calles; juntamos todo y marchamos para el encuentro entre nosotras y nosotros.