Viernes, 02 Marzo 2018 00:00

EDITORIAL: El origen de la familia, la propiedad privada... ¡y el patriarcado!


EDITORIAL:
El origen de la familia, la propiedad privada... ¡y el patriarcado!

Con cada mes de marzo se inaugura, para quienes nos definimos marxistas dentro del campo
de la izquierda; un mes de interrogantes y contradicciones: ¿feminismo vs marxismo?, ¿el
feminismo es una lucha secundaria?, ¿la mujer burguesa es compañera de lucha?, ¿feminismo
condición sine qua non para la revolución?, ¿día de la mujer trabajadora o de la mujer en
general?

Lo cierto es que aunque el feminismo lleve más de un siglo de lucha, estas inquietudes siguen
haciendo mella dentro de los colectivos de izquierda, siendo esta una de nuestras principales
debilidades y la dificultad para resolverlo remonta a la discusión de si la lucha de género debe
estar supeditada a la lucha de clases; entendiendo que solo será posible la liberación de la
mujer en un nuevo sistema, es decir a partir del triunfo de la clase obrera con la construcción
de un nuevo orden social.

Esta tesis aunque sostenida fervientemente por muchos marxistas tiene ciertas flaquezas que
nos llevan a errores graves en nuestra praxis militante.
Partiendo de un análisis materialista de la historia y remontándonos a Engels en “el origen de la
familia la propiedad privada y el estado” encontramos que: “el primer antagonismo de clase que
apareció en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en
la monogamia; y la primera opresión de clases, con la opresión del sexo femenino por el
masculino.”
Este análisis sitúa claramente el inicio del patriarcado, su piedra fundamental. Es a partir de la
generación de un excedente productivo, su apropiación, el origen de la propiedad privada y la
división del trabajo que la familia monogámica pasa a ser la unidad social, expresión de las
relaciones sociales de producción y es en el seno de esta, que ocurre la opresión del hombre
sobre la mujer.
Es decir; el patriarcado lleva como sistema de dominación político y social más de 2000 años.
El patriarcado es la forma de dominación sobre las vidas y los cuerpos de las mujeres, que
produce la explotación sobre las mismas, y se legitima a través de una superestructura
ideológica. La forma concreta del patriarcado contra la que luchamos hoy en día, es aquella
que se da en el capitalismo, amoldada y condicionada por el mismo.
El capitalismo necesita del patriarcado para devaluar la fuerza de trabajo de las mujeres, de
forma que; si se insertan en el mercado laboral explotarlas con mayor crudeza, obteniendo
mayor plusvalía de su trabajo, o bien relegándolas a su rol de “amas de casa” donde se
dediquen a reproducir la mano de obra, naturalizando por nuestra simple condición de mujer, el
oficio del cuidado.
De esto se desprende que las mujeres seamos dentro del sistema capitalista doblemente
oprimidas.

Comprender la relación dialéctica entre el capitalismo y el patriarcado es fundamental para
desentrañar cual debe ser nuestra práctica política. No es posible concebir la liberación de las
mujeres sin la lucha de clases por un sistema superador al mismo tiempo que luchamos contra
el patriarcado, negar que ambas luchas deben darse en simultáneo sería caer en un etapismo

mecanicista. Luchar contra el patriarcado hoy es parte de la lucha que damos dentro de la
superestructura y negarla sería negar la relación dialéctica entre estructura y superestructura
en sí misma.

Claro está que no todos los colectivos feministas tienen esta concepción de fondo y que
muchos a lo largo de la historia han respondido a movimientos encabezados por mujeres
burguesas quienes reclamaron por ejemplo, su derecho a ejercer el voto a principios de siglo
pasado, o como ocurre actualmente desde una óptica posmoderna, a entender que la lucha de
la mujer es una única lucha y no tiene relación con el sistema en que vivimos. Una lucha que
muchas veces se encapsula en sí misma y no amplía el panorama hacia una lucha de carácter
sistémico y estructural. No hay capitalismo sin patriarcado pero tampoco hay revolución sin
feminismo de clase.
Pero este hecho en sí mismo no debe implicar que nosotros no comprendamos la importancia
de dar esta lucha en conjunto con todos los movimientos feministas.
Lenin realizó la siguiente explicación sobre como el objetivo de la toma de conciencia
revolucionaria requiere de la voluntad de los trabajadores para defender los intereses de todos
los oprimidos en la sociedad, como parte de la lucha por el socialismo:
“La conciencia de clase de los trabajadores no puede ser verdadera conciencia política si los
obreros no están capacitados para responder a todo tipo de tiranía, opresión, violencia o abuso,
no importa la clase que se vea afectada” y esto es esencialmente así porque el sistema ejerce
otras formas específicas de opresión para mantenerse, además de la de clase.

El feminismo es una lucha por la emancipación de las mujeres, y desde luego, luchará por el fin
de la violencia contra las mujeres (sean de la clase que sean) en tanto que mujeres, pero no
luchará por los derechos de las mujeres burguesas en tanto que burguesas. Es aquí donde
está nuestro rol fundamental; sumar desde el movimiento feminista en una doble acción;
feminista y contra el patriarcado desde el movimiento social, y antisistémica desde la
profundización de la lucha de clases.

Un nuevo marzo nos espera, la lucha nos llama porque ¡Sin feminismo otro mundo no es
posible!