Lunes, 12 Febrero 2018 00:00

Julia Arévalo

 

Ya a los diez años Julia Arévalo trabajaba en una fábrica de fósforos, 10 horas diarias para ayudar con la olla y ocho hermanos.

Cuando la primera Guerra Mundial, muchos obreros desocupados encuentran trabajo en la industria tabacalera, que hasta ese momento absorbía casi exclusivamente mano de obra femenina. Con la guerra la demanda de tabaco fue mayor, lo que llevó a impulsar una huelga por mejoras salariales. Es la primera huelga en esta rama y la primera en la que participa Julia. Ante los sables de los policías, los huelguistas responden con piedras. Después de varios días  y de muchos  jornales perdidos la huelga se gana, pero Julia y su hermana quedan despedidas e identificadas como cabecillas.

 

Para una huelguista despedida era muy difícil conseguir trabajo, y cuando se lograba, tras un período no muy prolongado otra vez, comenzaba a organizar la lucha por mejoras salariales, y otra vez despedida.

En el trabajo gremial, político y de solidaridad de clase, está la práctica que Julia Arévalo combina con la ávida lectura de material político y probando el poder de su garganta. En alguna esquina encaramada a un cajón de querosene o arriba de alguna silla o mesa en alguna fábrica textil, en alguna curtiembre o en algún taller de costura.

Ahí está la clave de su futuro revolucionario: teoría y práctica, en la medida de su tiempo entre ama de casa, madre de familia , trabajadora y militante activa. Lo que falte lo suplirá con su instinto de clase, muy agudo, que aún hoy se percibe al conocer su vasta y variadísima experiencia de luchadora.

 

Ya en ese entonces un fantasma recorre Europa, anunciado por el Manifiesto Comunista de 1848 y que no se puede tapar con un poncho.

A principios de 1917, en la fría Rusia, los incumplimientos del Segundo Gobierno Provisional , precipitan a las masas hambreadas y enfurecidas , encabezadas por Lenin. Tras los acontecimientos, los bolcheviques proclaman la consigna del poder en manos del proletariado. Nace así la primera Revolución Socialista de la historia.

Para los trabajadores del mundo entero ahora existe otra perspectiva.

 Por fin se plasman los sueños de cuantos luchaban por liquidar la explotación y pasar a visualizar una sociedad más justa.

 

Montevideo se paraliza. La represión es brutal. Julia participa activamente en la sangrienta huelga de 1918 y en ella intervienen todos los sindicatos constituidos hasta entonces.

Recorre todas las luchas obreras de la capital, está en el conflicto de los marítimos, en las huelgas del Cerro, donde los choques sangrientos de los obreros son contra un aparato represivo que la burguesía de ambas márgenes del Plata ha incrementado alentada por la contra revolución triunfante en Hungría, la entrega de la revolución alemana por parte de los socialdemócratas, el fracaso de la incipiente revolución en Italia y el advenirniento del fascismo en esa península.

 

Julia ya con 30 años es miembro del Partido Comunista y la nombran Secretaria del Regional de Paysandú y Río Negro, donde hay sindicatos de la construcción, gráficos, ferroviarios y sindicatos portuarios. Son épocas bravas de persecución policial, en un continente sembrado de dictaduras militares, y aquí se venía el golpe de estado de Terra en el año 1933. Julia ya es una gran figura popular, y por lo tanto buscada y perseguida.

No habrá respiro para ella.

 No habrá lucha que no la encuentre organizando y participando con esa milagrosa energía que décadas más tarde asombrará en el extranjero. Con esa entrega de sí misma, sin reticencias ni vacilaciones,con la que conquistaría la devoción de los suyos y el respeto de los ajenos, con ese amor por la causa de hombres y mujeres, trabajadoras y trabajadores.

 Por esa sencillez, dignidad y valor proletarios, que todos admiraban.

 

UNA MARCHA DE 2000 MUJERES

1935 - Una marcha de 2000 mujeres conmueve las calles de Montevideo.

Una  marcha promovida por la Unión de Mujeres en contra de la guerra, que nucleó a organizaciones políticas, sociales y religiosas. Como es de suponer a la cabeza junto con otras mujeres destacadas de la época como la Dra. Paulina Luisi, iba nuestra querida Julia.

Acto de solidaridad con los pueblos que el nazifascismo condena a una Segunda Guerra Mundial. Esta actividad fue de tal magnitud que ayudará para abrir nuevas perspectivas para el restablecimiento del derecho de reunión en nuestro país.

Por esos días se reúnen en los salones del viejo Ateneo de Montevideo los diferentes grupos,  y allí está junto con Paulina Luisi y otras mujeres destacadas por su lucha, con la necesidad imperiosa de juntar fuerzas en contra del gobierno de Facto y en pro de las libertades públicas y derechos democráticos. Son las mujeres de este país convulsionado, las que se ponen así al frente de los grandes intereses de las masas populares, acudiendo al llamado impostergable en defensa de la Paz, la Libertad y la Democracia.

 

CON ESPAÑA EN EL CORAZÓN

En Agosto de 1936 llega el llamado de Dolores lbarruri “La Pasionaria" a las mujeres de América, para organizar la ayuda a la República Española en contra del franquismo.

 El país se halla en la gestación del movimiento de ayuda a España, el mayor movimiento de masas que haya existido en el país hasta entonces. No hubo calle, plaza, ciudad, o centro poblado en el país, donde la voz de Julia y la de las otras esforzadas mujeres no llegara, no convenciese, y no se viera traducida en hechos materiales.

El movimiento femenino uruguayo sostenía un hogar de niños en España; enviaba dinero y ajuares para los recién nacidos.

La causa del pueblo español se hizo causa del pueblo uruguayo, tribuna de democracia, contribuyó al aislamiento del gobierno dictatorial, esclareció conciencias, abrió a la intelectualidad uruguaya a rumbos de acción común. Enlazó los problemas políticos y sociales con la labor creadora y artística. Y en todo este gigantesco trabajo, la figura de Julia Arévalo ocúpa un sitial de honor. Desde los puestos de dirección del móvimiento hasta el más lejano comité de barrio, su actividad se multiplicó al infinito. La llamaban La Pasionaria uruguaya. Una prueba más de profundo internacionalismo proletario. ,

 

PRIMERA DIPUTADA EN AMÉRICA 

1938 - El general A. Baldomir gana las elecciones. Por primera vez la mujer ejerce su derecho al voto. Conquista ganada con la lucha organizada de todas las mujeres del país. Por ese entonces crece un gran movimiento antinazi en ayuda de los pueblos en combate.

1942- Segunda Guerra Mundial. La Alemania nazi ataca a la URSS.

La creación de la Unión de Trabajadores del Uruguay, jalón muy importante para el movimiento obrero, declara como deber ineludible del proletariado, la lucha contra el fascismo. En este escenario es que Julia figura como primera candidata a  diputada en las listas del Partido Comunista. Es elegida primera diputada comunista de América.

1945 – Participa del Congreso Femenino en París, donde se funda la Federación Democrática de Mujeres de la cual Julia forma parte de su dirección.

 

AL SENADO.

1947- Julia Arévalo ingresa al Senado de la República, siendo la única representante mujer y comunista que ocupa esta banca, en el país y en América.

Así como bregó en Diputados por los derechos de la mujer y de la clase trabajadora, así lo hará desde el Senado.

1963 - Viaja con la delegación uruguaya al Congreso Latinoamericano de Mujeres, celebrado en Cuba. Al respecto comenta una compañera miembro de esta delegación:

“Si no recuerdo mal había 16 delegaciones, es decir que a veces hablaban argentinas, brasileñas y representantes de otras naciones. En esa ocasión, en la histórica ciudad de Santa CIara se realizó un mitin muy importante y concurrido . Hay allí un estadio, y para hablar en él en nombre de todas las delegaciones se designó a Uruguay."

“Cuando empezó a hablar Julia, el estadio fue atravesado por una corriente eléctrica. Fue imponente. Durante toda la oratoria de Julia la gente gritaba y coreaba. Y como estábamos en Cuba creíamos que la gente coreaba: Fidel, seguro, a los yanquis dale duro; pero no. Era tanto el fervor que Julia ponía en sus palabras, tan profunda la solidaridad con la Revolución que de ellas emanaban, tanto el entusiasmo despertado, que la multitud clamaba, "Julia, seguro, a los yanquis dale duro".

 

Aunque Julia Arévalo hoy ya no está entre nosotros, su ejemplo, su tenacidad, su solidaridad y corazón revolucionario, sigue latiendo entre nosotros, entre los trabajadores y trabajadoras de nuestro país, y con su ejemplo, se viste de gala toda la Clase Obrera y todo este pueblo que tanto la quiso.

A ti Julia, ¡Salud!

 

Por Adriana Lado

 

 

(Nota: el material que aquí se expone ha sido extraído del libro "A los diez años proletaria" escrito por Alfredo Gravina).